“El secreto de las croquetas es hacerlas con cariño”

Mª Dolores Jiménez. Hace las mejores croquetas del mundo.

56 años. De Barcelona. Cocinera en el Real Club de Polo Barcelona desde hace diez años. Su pareja, Miguel, también trabaja en el Polo de camarero. Tiene tres hijos y, desde hace un año, un nieto; sus compañeros de trabajo le apodan Abuela. Su otra especialidad son los canelones. Frase: “La cocina de autor es poner tu personalidad en lo que haces y ese sentimiento la convierte en algo distinto” Ferran Adrià.

Tradición

Desde ayer hasta el 23 de septiembre se celebra en el Real Club de Polo el 101º Concurso de Saltos Internacional (CSIO). Barcelona se convierte en la capital mundial de la hípica y el Real Club de Polo se engalana para recibir tanto a jinetes como amantes de este deporte. La magnitud del evento precisa que el Club prepare con antelación sus instalaciones. Son días de fiesta mayor. Por ello, no es menos importante que haya acopio del plato estrella de la casa. Las croquetas del Polo seguramente sean las mejores del mundo, al menos eso dicen todos los que las prueban. Invisibles para el público pero imprescindibles, Dolores y Peter han preparado 15.000 mil croquetas para que todos los aficionados puedan degustarlas y repetir tantas veces como quieran. Se trata de dos humildes cocineros que disfrutan con lo que hacen. Y en el caso de Dolores, de una persona simpática y risueña. Tiene carisma, tanto como sus croquetas.

¿Es consciente de que hace las mejores croquetas del mundo?

Bueno, a mí me enseñaron a hacerlas…

Ya, ya, pero ¿es consciente o no?

Jaja eso dicen. Da un poco de vergüenza pero que mucha gente coincida es difícil. Si lo dice tanta gente debe ser verdad.

Lo corroboro. Me decía que a usted le enseñaron…

Sí. Empezó hace muchos años Estrella, una señora de Sant Pere de Vilamajor (Vallès Oriental) que inventó la receta. Después estuvo Carmen, de quien yo aprendí, que innovó utilizando la máquina de picar en vez de hacerlo todo a mano e hizo más llevadera la faena. Y luego yo he enseñado a Peter, un chico de Filipinas de veinticinco años, que ya lleva siete años conmigo. Sigue leyendo

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