“No puedo cambiar mi pasado, pero puedo crear mi futuro”

Inés. Tiene Esclerosis Múltiple y se ha superado coronando el Kilimanjaro.

25 años. De Barcelona. Psicóloga. Decidió hacer pública su enfermedad para intentar ayudar a los demás afectados. Está detrás del blog ‘Muévete por la EM’. Esta semana ha salido a la luz el libro More than a mountain, donde Inés y el resto del grupo relatan la expedición que les llevó a cumplir un sueño. Frase: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”. William George Ward

Inés Grau Kili

Foto: Inés en el Kili (4.500m) Fotógrafo: Jeff Rennicke
Cambio de enfoque

Gracias a personas como Inés poco a poco la Esclerosis Múltiple (EM) nos resulta más familiar. De las mil caras que puede tener la enfermedad, ella reconoce que es muy afortunada. Sin embargo, le entristece que sólo se muestre la realidad de aquellos que más sufren. A ella se la diagnosticaron a los 17 años y “lo pasó muy mal pero se negó a pasarse la vida llorando”. Se obligó a tirar adelante y decidió moverse por la EM. Utópica de convicción, salió en busca de su propio héroe y encontró a Lori Schnneider, alpinista americana con EM que ha conseguido escalar las ‘Siete cumbres’ –el pico más alto de cada continente-. Conquistar con ella los 5.892 metros del Kilimanjaro hace dos veranos le ha hecho fuerte. Ahora sus esfuerzos pasan por abanderar este cambio de enfoque: “si enseñas las posibilidades, la gente empieza a olvidarse de las limitaciones”.

“¡Oh, Oh!”…Eso me dijo el médico al ver los resultados.

¿Sabía lo que era la Esclerosis Múltiple?

La primera vez piensas ¿qué es esto? No tienes ni idea de lo que es pero sabes que suena mal.

¿Qué sintió?

No sabía lo que realmente es el miedo hasta que me la diagnosticaron.

Miedo… ¿a qué?

Nadie puede controlar tu futuro. Pero sí puedes hacerte una idea, plantearte un trabajo, casarte a los treinta, luego tener un hijo…. Con la EM puedes hacerte ese esquema, pero no tienes la garantía de que vaya a ocurrir. Es como que te corta las alas.

Sin embargo, no para quieta.

La clave para tirar adelante es no sentirte enfermo. Si te sientes enfermo no puedes avanzar, siempre tienes excusas.

¿El cansancio es una excusa?

Es muy fácil que el sentimiento de miedo o de cansancio te domine y digas “cómo estoy cansada no me muevo de casa”. Los americanos en el Kilimanjaro decían “use it or lose it”. O aprovechas tu cuerpo o lo pierdes.

Veo que tiene muy presente el Kilimanjaro…

¡Ha sido la mejor experiencia de mi vida!

¿Cómo surgió esta aventura?

Era voluntaria de Esclerosis Múltiple España y tuve la oportunidad de ir a un congreso en Bruselas para intercambiar experiencias con otros jóvenes. Una de las ponentes era Lori Schnneider. La escuché y fue como ver la luz.

¿Qué dijo?

Fue alucinante. Lloré de alegría. Por fin había alguien que explicaba qué podíamos conseguir con la EM, nunca lo había escuchado.

Y quiso conocerla…

Pude ir a comer con ella. Estuvimos hablando y se sorprendió de mi visión acerca de la enfermedad con  tan  sólo 24 años. Me planteó si quería ir al Kilimanjaro con ella y un grupo de afectados al verano siguiente.

Lo típico que se dice y no se acaba haciendo…

Al cabo de un mes recibí un email suyo que decía “¿cuento contigo?” Lo hablé en casa, conseguí el respaldo de los patrocinadores de la Federación y le contesté: “estoy dentro”.

¿Se preparó mucho?

Sí; mi experiencia en la montaña era nula. Pero, sobre todo, tuve que entrenarme a estar seis días seguidos haciendo ejercicio, aunque me diera pereza, porque allí no iba a poder permitirme parar para descansar al tercer día.

¿Dudaba sobre si llegaría a la cumbre?

Lo malo del Kilimanjaro, a nivel psicológico, es que el primer día ya duermes a 3.000 metros. A partir de allí era una incógnita. Había entrenado, iba bien equipada y tenía muchas ganas pero no sabía cómo me iba a sentar la altura.

Los Pirineos no es que sean muy altos…

Una chica de la expedición, que había hecho maratones, al tercer día estaba vomitando y no pudo subir. Vi eso y pensé “¿por qué ella?”

Yo, por el momento, me encontraba bien. Seguía al pie de la letra las indicaciones que me habían dado: no pasar de 120 pulsaciones por minuto, respirar bien, beber unos cuatro litros de agua al día y comer cada hora.

A medida que se sube, el pulso se acelera.

A 4.900 metros, en el último refugio, me faltaba oxígeno. El corazón se me disparaba por abrocharme la cremallera o atarme los cordones.

¿Qué recuerda de la ascensión final?

Tardamos 12 horas en subir. Era de madrugada, todo oscuro, sin referencias, a ritmo lentísimo, hacía un frío que pelaba y la comida se había congelado.

¿Se planteó abandonar?

Me había quedado la última junto con Lori y una mujer de 68 años con Parkinson. Estaba hecha polvo y tenía voces chungas de mal de altura, no sabía si me hablaban o era yo misma. Cuando llegamos a Stella Point, a falta de hora y media, dije “me quedo aquí”. El guía me pregunto: “¿si te llevo la mochila sigues?”

¿…?

¡Fue mi salvación!

¿Qué sintió en la cima?

¡Muy fuerte! Me acordaré siempre del abrazo que nos dimos las tres antes de llegar…, no sé, para mí es lo más bestia que he vivido en mi vida. ¡Quería llamar a mis padres y decirles que lo había conseguido!

¿Qué le supone haberlo conseguido?

He perdido el miedo a muchísimas cosas. Cuando haces algo que crees que no lo vas a conseguir y lo consigues, haces tangible el hecho de que puedes conseguir cosas. Queda demostrado.

¿Se ve capaz de todo? 

No es que ahora todo sea posible, sino que será imposible en el momento en que yo vea que no puedo. No me anticipo a lo que es posible y a lo que no. Si no sale, no saldrá, pero intento hacerlo.

¿Está orgullosa?

Estoy súper contenta de quien soy ahora. No voy a decir que es gracias a la EM, porque no le doy las gracias ni mucho menos, pero sí es una oportunidad para coger las cosas malas e intentar convertirlas en algo positivo.

¿Y si empeorara mucho la enfermedad?

Tendría un bajón, seguro, tampoco soy de hierro. Pero confío mucho en la vida. No es el final. Mientras estemos vivos, las posibilidades son infinitas para mí.

P.D: Si quieres tener un recuerdo de esta entrevista en forma de camiseta con la frase “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”, click aquí.
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3 pensamientos en ““No puedo cambiar mi pasado, pero puedo crear mi futuro”

  1. He leído tu historia y eres un ejemplo, a ver si consigo que se me quite el miedo como a ti.
    Es difícil mantenerte positiva todos los días..
    Felicidades!!

  2. Me has emocionado y he empatizado tanto contigo que estoy secándome las lágrimas. Soy una chica de 25 años (a los 20 me diagnosticaron). Defino la EM como una caja de sorpresas. Coger las cosas malas e invertirlas y valorarlo todo mucho más, también “miedo al miedo”, pero creo que me ha hecho mejor persona. No tengo ni idea de qué cara tienes ni te conozco de nada, pero yo también estoy orgullosa de ti. Y muchas gracias por haber hecho posible que leyese tu historia 🙂

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